Una máquina china se ha convertido en la supercomputadora más potente y rápida del mundo. Se trata del sistema LineShine diseñado en el Centro Nacional de Supercomputación de Shenzhen. Y lo más llamativo –además de su velocidad– es la arquitectura de esta computadora: funciona exclusivamente con CPU (procesadores centrales) avanzados y prescinde de las GPU (tarjetas gráficas) fabricadas por la empresa norteamericana Nvidia, que son las que dominan el entrenamiento de inteligencia artificial a nivel global (EE. UU. le retacea esta tecnología a las empresas chinas).