“Envejecer” y “Morir por mano propia”, las dos obras maestras del legado intelectual de Jean Améry.

La historia del escritor austríaco Jean Améry -que aunque aquí se resuma no deja de ser enormemente vertiginosa- comienza en 1912 en Viena, ciudad en la que nace y en la que será bautizado como Hans Mayer; y en Bad Ischl, un pequeño pueblo alpino en el que pasa sus primeros años de vida. De familia con linajes judíos, “asimilada”, el joven Hans es educado en el catolicismo, en un entorno casi bucólico. Pierde a su padre en la Primera Guerra Mundial, la situación económica familiar tiende a menos, y regresará a Viena. Todavía adolescente publicará cuentos y poemas, al influjo de Hermann Hesse, y realizará viajes: visitando Berlín frecuenta los círculos literarios de Heinrich Mann, por ejemplo. Entabla contactos con Hermann Broch, y ya comenzada la década de 1930 asiste a las reuniones del Círculo de Viena, con su filosofía neopositivista. Impactado por la rebelión obrera austriaca de 1934 -reprimida ferozmente-, comienza su activismo político. Y si, con 19 años, el joven autor recién había descubierto la existencia del yiddish, en 1935, con las Leyes de Nüremberg, toma conciencia del peligro que comienza a amenazarlo, como heredero de una tradición familiar que dichas leyes raciales perseguían punitivamente (y “paradójicamente”: él no se consideraba judío, pero las leyes aseguraban que sí lo era). Entre 1938 y 1940 se fuga, y permanece trabajando como profesor en distintas ciudades, hasta que en Bélgica cae en manos de las tropas alemanas. La Gestapo. Pasa años por varios campos de la muerte, incluyendo el de Auschwitz -habiendo intentado fugarse y suicidarse-, y posteriormente, y pesando tan sólo 48 kilos, será liberado.