El 1 de enero de 2003, el nuevo presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, surgido del movimiento sindical, estrechó vínculos con el entonces presidente argentino Néstor Kirchner, buscando reforzar el bloque regional y superar la crisis de 2001.

El día inaugural del mandato de Lula, un obrero metalúrgico asistió al Palacio del Planalto, simbolizando la raíz sindical del mandatario, el primero en la historia de Brasil que llega al poder con ese respaldo. Mientras tanto, Néstor Kirchner, recién instalado, propuso reforzar el Mercosur como motor de integración y desarrollo.

Ambos líderes acordaron consolidar una relación estratégica entre Argentina y Brasil, considerándola esencial para revertir la profunda recesión que había sacudido a la región a finales de 2001 y para proyectar una mayor influencia del continente en la escena mundial.